Una vida dedicada al comercio

Una vida dedicada al comercio

Héctor Ríos trabaja desde los 14 años en el rubro ferretero, hoy tiene 86 años y a pesar del paso del tiempo su espíritu y su energía siguen intactos.

Hace 72 años, por las urgencias de la época, Héctor debió salir a buscar trabajo, tenía solo 14 años cuando dejó la finca en calle 9, “tuvimos un año complicado ya que cayó una piedra grande y nos dejó sin nada” dice Héctor, quien junto a sus hermanos, Constantino, Emilio José y una hermana, fueron en busca de trabajo. Gracias a un amigo de la familia consiguió trabajo como cadete en la ferretería de Abdón Prieto, que por aquel entonces se llamaba Sobrinos de Abdón Prieto, “ese día entré por donde ingresaban los camiones, allí me encontré con el sr Blanco, quien me preguntó qué hacía ahí, yo le dije que iba a trabajar así que entré la bicicleta por miedo a que me la robarán y entré”, era un día de febrero de 1947

Sin dudas Héctor no imaginaba que ese sería el primero de tantos días que pasaría trabajando en el rubro ferretero. “El primer mes estuvo complicado, porque me pagaron nada más que 55 pesos, así que fui a hablar para renunciar porque el sueldo no me alcanzaba para ayudar en mi casa. Pero me dijeron que no renuncie, que iba a andar bien y que me iban a solucionar lo del sueldo, y al mes siguiente me pagaron 200 pesos, lo mismo que ganaba un empleado grande” dice con orgullo, ya que ese aumento lo ganó gracias a su esfuerzo diario.

Sus comienzos fueron como cadete, y realizaba múltiples tareas, desde compras simple hasta la caja, “al principio se vendía mucho a cuenta corriente, se arreglaba de año a año, pero la inflación terminó con todo eso, fue una crisis grande, pero la pasamos”.

A través de los años fue ascendiendo, de cadete a encargado de ventas y hoy por hoy cumple las funciones de gerente, pero además Héctor gestó numerosas amistades, “todos me decían el chiquito, si bien era grandote, pero hacía todas las cosas de chico” dice entre risas. Con sus primeros sueldos pudo comprarle una bicicleta a su tío, y también tuvo lugar para darse un gusto personal ya que se compró un reloj pulsera.

Á los 60 años alcanzó su jubilación, sin embargo no dejó de trabajar, “yo pedí quedarme en el negocio, entonces conseguimos tener acciones minoritarias de la empresa”. Héctor resume estas ganas de trabajar en una frase, “hacer del trabajo una tarea grata y llevadera”.

En el 2012 la sociedad de Sobrinos de Abdón Prieto se disuelve, y algunos de los empleados compran las acciones por lo que la ferretería continúa funcionando bajo el nombre Centenario, “los dueños nos propuso que los empleados nos quedáramos con acciones a cambio de las indemnizaciones, en mi caso no tenía indemnización porque ya me había jubilado, así que tuve que capitalizar lo que tenía”.

Hoy, Héctor tiene 86 años, dos hijos, María Inés y Fernando, además tiene cuatro nietos. Después de 72 años, continúa levantándose cada mañana para ir a su trabajo, complementando su experiencia con los conocimientos de los más jóvenes, “quise dejarlo, pero cada vez que lo intentaba, los chicos me dicen que siga, que todavía puedo tirar unos años más, además tengo muchos clientes amigos que siempre me van a visitar” dice con orgullo un hombre que es un ejemplo de lucha y trabajo.

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