Por qué el Gobierno busca acercarse a la Iglesia

Por qué el Gobierno busca acercarse a la Iglesia

En el año electoral el Gobierno quiere acercarse a la Iglesia. El hecho de que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, le haya pedido una reunión a la cúpula del Episcopado y que durante más de una hora y media le expusiera las medidas que está tomando el Poder Ejecutivo para bajar la inflación y asistir a los más vulnerables es sintomático. Tampoco es un dato menor que el paso lo haya dado Peña, el alter ego de Mauricio Macri, a quien se le atribuye en privado ser crítico de la Iglesia y del propio Papa Francisco.

El acercamiento se produce luego de que el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, declarara que el Gobierno ve “con optimismo el futuro a mediano plazo”, pero que desde la Iglesia están “altamente preocupados por los términos inmediatos“. Además, sostuvo que “hay un síntoma de depresión en el país, una sensación de que no podemos resolver nada”.  Otro tanto dijeron todos los obispos en una declaración en la que llamaron a “superar la lógica de la dádiva y la especulación financiera”.

Está claro que la profundización de la crisis -basada en la alta inflación y prolongación de la recesión en un contexto de volatilidad cambiaria- le está trayendo muchos problemas al Gobierno que, entre otras cosas, se refleja en la caída en las encuestas. Por eso, quiere conservar un vínculo aceptable con la Iglesia que, en materia social, no solo tiene una voz potente, sino que suele jugar un eficaz papel apaciguador por su extendida presencia en las zonas populosas.

Pero también hay una cuestión puntual, muy cercana, que inquieta a la Casa Rosada. Desde el 27 de este mes y hasta el 18 de mayo, en tres tandas, el centenar de obispos del país peregrinará a Roma para cumplir la llamada visita “ad limina” que los obispos de todo el mundo deben realizarle al Papa cada cinco años. El objetivo es informarle no solo al pontífice, sino a los diversos organismos vaticanos, sobre la situación religiosa y social de sus respectivos países y recibir orientaciones.

En el caso argentino, la última visita “ad limina” fue en 2010 cuando el pontífice a cargo era Benedicto XVI. Por lo tanto, esta será la primera de los obispos argentinos a Francisco, su compatriota. Esta circunstancia le otorga un especial relieve. De hecho, es vista con especial interés no solamente en la Iglesia en el país, sino por el Gobierno e incluso por sectores de la oposición porque el Papa suele terminar esas visitas con un mensaje con alusiones a los respectivos países.

Es obvio que lo que pueda decir Francisco inquieta a la Casa Rosada. Tiene sus razones para abrir el paraguas: las declaraciones previas de los obispos, como las formuladas en el caso que nos ocupa por monseñor Ojea y la Conferencia Episcopal, suelen ser tomadas en el discurso papal. Con todo, como el país transita un año electoral, habrá que ver hasta dónde llega Francisco con sus conceptos, ya que corre el riesgo de ser acusado de inmiscuirse en la campaña.

Más allá de los chispazos por la situación social, hubo una coincidencia entre Peña y los obispos: la necesidad de profundizar el camino del diálogo con la oposición y todos los sectores para sortear la crisis y encontrar soluciones. Claro que habrá que ver hasta dónde el Gobierno está dispuesto a abrirse cuando parece ya muy jugado a lo acordado con el FMI. Y, por cierto, hasta dónde es posible un diálogo en un año electoral que comenzó muy aguerrido.

Desde la crisis de 2001 la Iglesia viene pidiendo grandes acuerdos. Y en la anterior campaña presidencial insistió. Pero la nueva administración optó solo por sellar acuerdos puntuales. ¿Ahora ya es tarde? ¿Podrían haber compromisos multipartidarios previos a la elección? Parece muy difícil. Eso sí: nunca es tarde cuando la dicha es buena y tanta gente la pasa mal. ​

Fuente: TN

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