Ovnis en la Argentina: 3 casos espeluznantes documentados y relatados en primera persona

Ovnis en la Argentina: 3 casos espeluznantes documentados y relatados en primera persona

En los últimos años hubo una gran apertura hacia los UAP (Fenómenos Aéreos no Identificados) de parte de gobiernos, agencias espaciales y científicos, que se abocaron a estudiar el 10% de los eventos que no encuentran explicación humana. Infobae reunió a tres argentinos que contaron las experiencias paranormales que protagonizaron.

El 18 de agosto de 1968, en Caleta Olivia, Santa Cruz, su madre, Silvia, y sus vecinos vieron un objeto circular que sobrevoló el patio de su casa durante media hora. Esa nave, cuentan, estalló y se convirtió en cinco objetos voladores más pequeños, que se formaron en “V” y cruzaron la avenida Independencia para perderse en el Océano Atlántico.

Ese episodio le cambió la vida a su madre, que se abocó a la investigación del fenómeno OVNI y, por herencia materna, también a ella. Andrea Pérez Simondini hoy preside la Comisión de Estudios de Fenómenos OVNIS de la República Argentina (CEFORA), colabora con el Museo OVNI que está en Victoria, Entre Ríos, hace peritaje de campo y es la representante argentina de una coalición internacional de investigación extraterrestre, que se encarga de desclasificar avistamientos que permanecen en las sombras.

Los ufólogos convivieron durante mucho tiempo con el descrédito, con el desdén de los gobiernos y la academia, pero en los últimos años algo cambió. Se produjo una fuerte apertura hacia el fenómeno OVNI de parte de varias potencias mundiales. El puntapié inicial ocurrió en diciembre de 2017, con la salida a la luz del Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aeroespaciales del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, bajo el mando de Luis Elizondo.

El programa nació de la mano de unos videos que muestran un objeto volador denominado “OVNI Tic-Tac”. Ese objeto no solo desarrolla velocidades hipersónicas por aire, sino que también se logra introducir en el océano. “Ahí reconocen que no es una tecnología recreable por el hombre: el concepto de vuelo tras medio. Estos objetos vuelan en nuestra atmósfera, salen, regresan de ella por lugares no vectorizados y se meten debajo del agua. Esa observación cambió para siempre la historia de estos eventos. Luis Elizondo empezó a viajar por distintas partes del mundo y, de hecho, estuvo acá en Argentina con nosotros buscando restos de materiales caídos del espacio con estas condiciones extraordinarias”, comentó a Infobae Pérez Simondini.

Andrea Pérez Simondini junto al astrofísico estadounidense Jacques Vallée, que se trasladó a Argentina para analizar el metamaterial del caso Ubatuba, BrasilAndrea Pérez Simondini junto al astrofísico estadounidense Jacques Vallée, que se trasladó a Argentina para analizar el metamaterial del caso Ubatuba, Brasil
En 1957, en Ubatuba, varios testigos vieron un plato volador que dio un "panzazo" en el agua, explotó y se hundió, y dejó restos materiales que presentan un isótopo de magnesio no reconocido en la Tierra. Parte de esos restos están en el Museo del OVNI, en Entre Ríos.En 1957, en Ubatuba, varios testigos vieron un plato volador que dio un “panzazo” en el agua, explotó y se hundió, y dejó restos materiales que presentan un isótopo de magnesio no reconocido en la Tierra. Parte de esos restos están en el Museo del OVNI, en Entre Ríos.

La calificación tan denostada de OVNI (objeto volador no identificado) cambió a otra denominación con la que el Pentágono, la NASA y otras agencias espaciales como la francesa, la china y la rusa se sienten más cómodas. Ahora se les llama UAP, que son las siglas en inglés de “Fenómeno Aéreo no Identificado”. “Es una denominación más amigable porque aleja toda la contaminación sobre la hipótesis extraterrestre del término OVNI o UFO. Nos permitió avanzar mucho en la indagación de lo no explicable”, señaló la investigadora argentina.

A nivel mundial, hay una estadística muy consolidada. Del total de denuncias de avistamientos, el 90% son explicables y se las descarta: en general, lo que vio el observador son movimientos satelitales, cuerpos celestes, fenómenos atmosféricos o vuelos convencionales. El 10% restante, incluso tras sortear los filtros más exhaustivos de la ciencia, siguen sin explicación. Allí se concentra el foco de las investigaciones.

Al margen de los gobiernos, que comenzaron a indagar con seriedad el fenómeno, muchas personalidades encumbradas de la ciencia se involucraron. Por caso, Avi Loeb, que fue titular de la cátedra de Astrofísica de Harvard, encabeza el proyecto Galileo, que nuclea científicos abocados al estudio de ese 10% de eventos anómalos.

Foto de un OVNI captado sobre la Laguna del Pescado, en Victoria, Entre Ríos, tomada por la investigadora Silvia Pérez SimondiniFoto de un OVNI captado sobre la Laguna del Pescado, en Victoria, Entre Ríos, tomada por la investigadora Silvia Pérez Simondini

La organización identificó, por ejemplo, un evento de origen no humano y con firmas digitales (registros de sensores de alta tecnología), que lo denominaron Oumuamua. El Observatorio de Hawái detectó un evento artificial que entró y salió dos veces del Sistema Solar. A día de hoy, es un debate abierto en la comunidad científica. Hay quienes creen que se trata de una rara explosión de una supernova, de un fenómeno astronómico desconocido, y hay quienes piensan que es desarrollo tecnológico de una civilización de origen no humano.

En la Argentina, hace poco más de una década, se creó en la órbita de la Fuerza Aérea un organismo dedicado a investigar fenómenos aéreos anómalos, que hoy se llama Centro de Identificación Aeroespacial (CIAE). Sin embargo, el CIAE suele ser cuestionado porque solo toman aquellas denuncias que incluyen imágenes fotográficas o de video, y desestiman los documentos de relatos de pilotos.

Por presión de CEFORA, que está integrado por civiles, investigadores y aficionados de la ufología, en los últimos años se desclasificaron documentos que permanecían bajo estricta confidencialidad o que incluso habían sido destruidos. El suceso de mayor revuelo mediático fue el “Caso Bariloche”, que protagonizó Jorge Polanco, piloto retirado de Aerolíneas Argentinas, quien el 31 de julio de 1995 fue perseguido durante 17 minutos por un objeto no identificado que lo obligó a realizar una maniobra de escape de alto riesgo.

Infobae reunió a tres testigos de otros casos resonantes, tres hombres que presenciaron hechos que eluden cualquier explicación racional y que, en su momento, hicieron las denuncias pertinentes, con documentos que los ubican en tiempo y espacio. Ellos relataron en primera persona el evento que aseguran les tocó vivir.

Un vuelo de instrucción paranormal

Relato de Héctor Flores, comandante retirado de Gendarmería – 2 de noviembre de 1972.

La noche del 2 de noviembre de 1972 realizamos un vuelo de instrucción. Yo me desempeñaba como instructor de vuelo en el Escuadrón de Gendarmería. Éramos tres en un avión modelo Cessna 182, un monomotor de ala alta con capacidad para cuatro personas. Iba acompañado de Jorge Torrecilla, que era piloto civil e instructor de tiro, había sido campeón mundial de tiro. El otro tipo se llamaba Alejandro Urs Vogt, era médico y aviador de Gendarmería, era mi alumno.

El vuelo consistía en ir desde San Pedro a Campo de Mayo, un viaje que se hace habitualmente en 10 minutos, pero en el que demoramos casi 40 por lo que nos pasó. Tuvimos la oportunidad de ver unas luces. Entonces le dije a mi alumno: “Ponga la mayor potencia para alcanzarlo”. Y a los pocos minutos me hice cargo del avión porque, ante situaciones de riesgo, el instructor de vuelo, que tiene mayor jerarquía y experiencia, asume la responsabilidad sobre la aeronave.

Un avión modelo Cessna 182. Ubicado a la derecha, Héctor FloresUn avión modelo Cessna 182. Ubicado a la derecha, Héctor Flores
Los movimientos que hizo el objeto para seguir a la aeronaveLos movimientos que hizo el objeto para seguir a la aeronave

Llegamos hasta los 2.000 metros a la altura de San Pedro y nos acercamos entre 200 y 300 metros al objeto. Previamente había apagado todas las luces de aterrizaje, de interior y exterior para observar mejor en la oscuridad. Entonces cuando llegamos a 200 metros, prendí todos los faros de aterrizaje y ahí fue cuando el objeto se nos vino encima y nos corrió. Pusimos el avión en espiral de descenso y bajamos hasta los 1.000 metros de altura. Cuando pensamos que ya se había ido, estaba arriba nuestro de vuelta y con una luz que iluminaba el interior del avión como si fuese de día.

Vimos que era una cosa metálica, mucho más grande que el avión. La base del objeto era de color aluminio, metálico, y se veía movimiento adentro. Parecía movimiento de gente dentro de esa cabina. Por encima de esa base de luz blanca había un objeto con forma esférica más de color rojo. Ese objeto se movía a una velocidad superior a la de un avión.

Los dibujos Jorge Torrecilla, uno de los testigos que observó el objeto dentro del aviónLos dibujos Jorge Torrecilla, uno de los testigos que observó el objeto dentro del avión
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Hice un escarpado y después un tirabuzón: subí el avión, apreté el pedal izquierdo y puse el comando hacia adelante para caer abruptamente, pero así y todo no me pude despegar del objeto. Seguía arriba nuestro. En Campo de Mayo, desde tierra, se veía todo lo que estaba sucediendo. Estaba el Comandante en Jefe del Ejército, todos observando. Me ordenaban que fuera a Campo de Mayo y yo les decía que el objeto no me lo permitía. Yo me corría hacia un lado. Él se desplazaba hacia otro.

Finalmente logramos aterrizar en Campo de Mayo. Habían apagado las luces de aterrizaje. Pusieron una pista sola con balizamiento. Ni bien llegamos, llamaron de la torre de control para que relatemos los hechos.

"Informe sobre objetos voladores no identificados". Parte de la declaración de Héctor Flores“Informe sobre objetos voladores no identificados”. Parte de la declaración de Héctor Flores

Ese día yo llegué a la 1 de la mañana a casa. La mañana siguiente, cerca de las 9, me recibió un comandante mayor. Me dijo: “¿Qué anduvo haciendo usted, haciendo lío? Vaya que lo espera el Comando de Instituto Militares”. Había como 20 oficiales superiores esperándome: generales, médicos, coroneles. Les relaté lo que me había pasado. Estaban todos pendientes de lo que había sucedido y me estudiaron de pies a cabeza. Me observaron para ver si no era un tipo que sufría alucinaciones. Al rato, certificaron que estaba en condiciones psicológicas.

Con el tiempo me olvidé del caso. Me lo revivió en 2019 Andrea Simondini que apareció un día en mi casa. Yo no tenía ni el informe del expediente que había hecho y ella lo pudo conseguir. No le di mayor trascendencia al hecho porque no fue más que una incidencia aeronáutica. Seguí piloteando muchos años y nunca más vi algo similar a ese objeto. Hasta el día de hoy no sé qué era eso. No estoy en capacidad de hacer evaluaciones. Yo solo cuento lo que objetivamente me pasó.

Abducción en Bahía Blanca

Relato de Carlos Díaz, ex empleado ferroviario – 5 de enero de 1975.

Tenía 28 años en ese entonces. Era empleado de Ferrocarriles Argentinos y trabajaba en el galpón de máquinas de Ingenieros White, en Bahía Blanca. Pero también laburaba de vez en cuando con mi hermano, que trabajaba en la Base Aeronaval Comandante Espora. Teníamos un servicio de lunch. Hacíamos casamientos, cumpleaños y otros eventos. Era una especie de changa para nosotros, pero ganábamos más con eso que con nuestros sueldos. Esa noche, la del 5 de enero de 1975, hicimos un casamiento en el barrio Napostá, en el club que tiene el mismo nombre: Napostá.

Yo había ido temprano, a las 6 de la tarde, a armar las mesas, y por eso me retiraba más temprano. Me fui a las 3 de la mañana caminando solo hasta tomar el micro que me llevaba a Ingeniero White, donde yo vivía.

Antes de subir al micro, pasé por el diario La Nueva Provincia. Me compré el diario que recién había salido para llegar a casa, tomar unos mate y leerlo. Seguí camino a la parada que estaba a media cuadra, en la avenida Colón y Estomba. Ahí tomé el micro que me llevaba a Ingeniero. Tomé el que salía a las 3 y media de la mañana y me bajé enfrente del galpón de máquinas a las 3:50, sería más o menos. Crucé y me encontré con dos amigos que salían de trabajar del galpón, uno de apellido Entraiga y el otro de apellido Miguel. Íbamos conversando, charlando, “¿a qué hora va el partido?”, ese tipo de conversaciones.

Carlos Díaz, casi 45 años después, contando su versión de los hechosCarlos Díaz, casi 45 años después, contando su versión de los hechos

De pronto vimos una luz blanca, pero la dejamos pasar. Pensábamos que era un avión o algo parecido. Esa luz de repente se acercó. Yo iba en el medio de los dos y me chupó a mí solo. A los otros dos no.

A ellos no les dio tiempo a nada. A mí tampoco. Se volvieron locos. Lo primero que hicieron fue ir hasta mi casa y le golpearon la ventana a mi señora. Le decían: “Mirta, Mirta, Mirta, a Carlitos lo llevó un plato volador”. “Déjense de joder, que el nene está durmiendo”, les decía mi señora. En ese momento mi hijo tenía seis meses.

A mí este plato volador me abdujo, me chupó e ingresé por un cuadrado que, después con el tiempo, me enseñaron a decir que se llama escotilla. Entré a una esfera donde quedé de rodillas, porque no me podía parar. Era todo redondo. Y adentro había tres seres que eran de color verde y le faltaban las manos, no tenían ojos, ni orejas, ni nariz, le faltaban los pies. Las piernas les llegaban hasta los tobillos. Ellos no se apoyaban ni caminaban. Levitaban.

Fuente: Infobae