El asesinato de un famoso gángster desata un misterio en una prisión de EE.UU.

El asesinato de un famoso gángster desata un misterio en una prisión de EE.UU.

Un inusual asesinato rodeado de misterio se desenvuelve por estas horas en la prisión de Hazelton, en West Virginia.

Los principales sospechosos –prisioneros– ya están encerrados. La víctima era un mafioso anciano, alguien a quien muchos querían ver muerto.

Pero cómo James “Whitey” Bulger terminó asesinado unas pocas horas después de llegar a Hazelton es un misterio.

De los cuatro hombres acusados, ¿cuál lo mató a golpes? ¿Por qué Bulger, un notorio informante con salud delicada, fue dejado a merced de toda la población carcelaria? Y finalmente ¿por qué fue transferido a Hazelton, para empezar?, se pregunta el FBI.

James Whitey Bulger, un infame jefe mafioso e informante de las autoridades en Boston, le arrancaba los dientes a sus víctimas para que nadie las identificara. En 2013, lo condenaron a cadena perpetua después de pasar 16 años prófugo y 12 en la lista de los 10 más buscados del FBI.

Foto proporcionada por el Servicio de Marshal de EE.UU., del arresto de James Whitey Bulger./ U.S. Marshal Service vía The New York Times

Foto proporcionada por el Servicio de Marshal de EE.UU., del arresto de James Whitey Bulger./ U.S. Marshal Service vía The New York Times

Para septiembre de 2014, Bulger era enviado a Coleman II, una prisión federal en el centro de la Florida, una cárcel considerada un refugio para esos presos que necesitan un poco de protección “extra”, como los informantes y ex miembros de pandillas.

En Coleman, Bulger había cosechado suficiente influencia como para tener “mensajeros”, es decir otros presos que le traían comida y snacks de la despensa.

Pero los tiempos relativamente tranquilos de Bulger en Coleman terminaron cuando, al negarse a recibir tratamiento, tuvo un enfrentamiento con una médica. Te llegó la hora, la amenazó. Y Bulger terminó encerrado en confinamiento solitario. Pero en vez de regresar a su celda de siempre un mes después, quedó en solitario durante siete meses.

También se lo intentó transferir a otra prisión, pero el pedido fue rechazado. Quién pidió el traslado, no se sabe. El código que justificaba el traspaso era la necesidad de hospitalización y tratamiento.

Según los empleados penitenciarios, es común castigar a los presos transfiriéndolos de prisión en prisión. Le dicen la “terapia diésel”, como llaman a los micros que llevan a los prisioneros.

Según el Boston Globe, la clasificación médica de Bulger fue repentinamente reducida a “nivel de cuidado” por las autoridades carcelarias lo que podría indicar que su salud había mejorado, permitiendo así tal vez ser transferido a Hazelton.

En 8 de octubre se volvió a pedir su traslado. Y el 29 de ese mes, fue llevado a Hazelton. El código esa vez indicaba que ya había completado su tratamiento médico.

Pero Bulger tenía casi 90 años, usaba una silla de ruedas y sufría de problemas cardíacos, entre otros males. ¿Recibió tratamiento médico estando en solitario? Su abogado no quiso contestar.

La Oficina de Prisiones dijo en un comunicado que Bulger fue transferido porque había realizado una “amenaza seria y directa” contra personal de Coleman, y no por una condición médica.

Bulger llegó a Hazelton en la tarde del 29 de octubre. Según informes de la prisión, fue asignado a una celda con Paul J. DeCologero, un miembro del crimen organizado de Massachusetts liderado por su tío, Paul A. DeCologero, acusado de desmembrar a una adolescente en los 90.

Entre ambos presos, dicen, no había enemistad.

En vista de la llegada de Bulger, la celda había sido preparada. A DeCologero se lo movió de la cucheta de abajo a la de arriba. Pero por alguna razón, una hora después de que Bulger fuera asignado a esa celda, y tal  vez antes de que pudiera ponerle un pie encima, fue reasignado.

Ahora su nuevo compañero de celda era Felix Wilson.

Los dos prisioneros eran muy diferentes. Bulger, que aterrorizó el sur de Boston en los 70 y 80s, cumplía dos cadenas perpetuas por sus papel en 11 asesinatos. Muchos familiares de las víctimas festejaron la noticia de su muerte.

Wilson, por otra parte, tenía 26 años y era de Portsmouth, New Hampshire, con una condena de 30 meses, después de ser detenido por ir en bicicleta de contramano y en posesión de un arma. Iba a salir el año que viene.

Antes de ser condenado, su abogado había dicho que Wilson tenía problemas mentales y un coeficiente intelectual de 82.

Wilson fue asignado a la cucheta de arriba; Bulger tomó la de abajo.

En la prisión con Bulger estaba Fotios Geas, un asesino a sueldo de la mafia de West Springfield, Massachusetts, con una sentencia de cadena perpetua por asesinato. El propio Geas también había sido reasignado con un nuevo compañero de celda; Sean McKinnon, de 32 años, de Montpelier, Vermont, condenado por el robo de armas. Saldría en cuatro años.

El 30 de octubre, a la mañana siguiente del traslado de Bulger, las puertas de la celda en Hazelton fueron destrabadas como siempre a las 6.00 para que los presos vayan a desayunar. Había dos oficiales de prisión en el área donde Bulger estaba.

En algún momento entre las 6 y las 8, cuando el personal de la prisión hace las rondas, las cámaras de seguridad detectan a por lo menos dos presos arrastrando a Bulger contra un rincón de su celda. Le pegaron salvajemente con un candado envuelto en una media, y a él lo encontraron envuelto en frazadas, en posición de estar durmiendo.

Al día siguiente, Geas, DeCologero, McKinnon y Wilson fueron encerrados en solitario.

Se dice que Geas tenía un particular desprecio por los informantes. Se estima que fue parte del grupo que participó en la golpiza. No está claro el papel de los otros tres.

El FBI habla de dos agresores; uno de ellos sin vínculos con familias mafiosas.

“Los supuestos atacantes no suponían amenazas ni tenía lazos geográficos con Bulger”, dijo el FBI.

Pero luego introdujo otro misterio dado que Geas y DeCologero eran mafiosos de Massachusetts. “El documento de residencia legal de los individuos sospechosos de golpear a Bulger, dijo el FBI, “no era Massachusetts”.

Fuente: The New York Times

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