Mundial de México 86, Maradona comenzaba a convertirse en leyenda, primero en el gol con la mano de “Dios”, para poner a la Argentina arriba en un partido complicado.
Después para hacer lo que solo los distintos pueden hacer, si, una obra de arte si lo comparamos con el arte, o solo un genio que frotó su lámpara. En un mundo terrenal ese gol sin dudas es de otra galaxia y como dijo Víctor Hugo en su relato, como para seguir relacionando el arte y el deporte, de que planeta viniste “Barrilete Cósmico”.
El primero fue con la mano, se quejan los ingleses y lloran 34 años después…y sí, la historia no se puede cambiar y no podemos mezclar todo como acostumbramos a hacer los argentinos, pero si los “piratas” devuelven todos los territorios que robaron en siglos y después se quejan de la mano de un jugador en un partido de fútbol.
Volvamos al festejo de hoy, olvidemos la mano y pongamos la atención en la maravillosa obra que arrancó con el pase, según él asistencia, de Enrique en mitad de cancha y allí Diego comenzó a volar, si, no corría, se desplazaba por el aire mientras las piernas inglesas caían como granadas en una batalla al costado del héroe de la película.
Un amague, dos, Peter Shilton, el arquero inglés que sale, el toque endiablado un poco hacia afuera y la sutileza de cara a la gloria, desde un ángulo cerrado recibiendo el impacto de un defensor “pirata”, que en su último intento, diría que hasta lo ayudo al Diego10.


