Pancho Dotto comparte el álbum de sus veranos dorados en Punta del Este

Pancho Dotto comparte el álbum de sus veranos dorados en Punta del Este

Entre 1988 y 2014, animó los veranos en Uruguay. Sus modelos, fiestas y desfiles marcaron época. Cada año, impuso una diosa y, con pasión, generó una movida que nadie pudo repetir.

Ahora estoy pagando el precio de la pasión. Alcancé el éxito, más del que hubiese imaginado, pero me quedé solo porque me enajené y viví para mucha gente. Yo no tuve a Diego Maradona ni a Susana Giménez. Tuve a muchas personas, a las que hice muy famosas, y eso me llevó la vida…”. Antes de Dotto, las agencias de modelos argentinas cerraban en verano. En 1984, luego de mediar en una discusión salarial entre modelos y una productora, Luis Francisco Dotto (65) fundó su propia agencia. La bautizóPancho Dotto Models Agency. Una de sus primeras medidas fue mantenerla funcionando entre diciembre y marzo para aprovechar el vacío que dejaban sus competidores. “Nunca más paré de trabajar”, insiste hoy.

En 1988, reconocido por productoras y publicistas porteños, hizo su apuesta más audaz: viajó a Punta del Este con una selección de modelos para captar clientes y hacer acciones de marketing. Para aquella aventura inicial, convocó a Julieta Kemble, Andrea Bursten, Karina López y una rubia desconocida en la que él creía fervientemente: Valeria Mazza. Describe Dotto: “Alquilé un departamento en la parada 14 y media de la Roosevelt, en el Edificio Toliman, que todavía existe. Cuarto piso, por escalera, sin teléfono. Era un ambiente y medio: tenía una habitación y una cocina comedor. Como mi novia, Elizabeth Márquez, estaba trabajando en España, le dejé la habitación a Julieta Kemble, que había viajado con su novio. Yo dormía en el piso, sobre un colchón, junto a la heladera. Al lado, en otro colchón, dormía Valeria Mazza y más allá, Andrea Bursten. La única camita que había en el comedor se la dimos a Karina López. Yo tenía un Peugeot 505 con el que nos movíamos de un lado para el otro, un poco apretados. Las estrellas del verano, las únicas conocidas, eran Bárbara Durand y Carolina Peleritti. Ellas trabajaban conmigo, pero como ya ganaban buen dinero se habían alquilado otro departamento”.

–¿Cuál era el propósito de aquel viaje?

–Fuimos a mostrarnos, a que conocieran a las modelos y que nos descubrieran como agencia. Todo a pulmón. Llevé remeras con el logo de la agencia y diez afiches, puestos en bastidor, con las caras de mis modelos. Coloqué los afiches en puntos estratégicos de la ciudad: uno en el parador de Solanas, otro en el café La Fragata, sobre Gorlero… Nosotros estábamos todo el día en Solanas, la playa de moda, por donde pasaban los fotógrafos de todas las revistas, con las remeras puestas. Así, la gente empezó a ver a las chicas y asociarlas con el nombre Pancho Dotto. Fue un verano fantástico. Volví a Buenos Aires con mil proyectos y la certeza de que mi relación con Punta del Este recién estaba comenzando.

–¿Por qué elegiste Punta del Este?

–Yo buscaba proyección internacional para mi agencia: quería generar clientes directos en los países limítrofes, como Chile, que siempre fue tan importante para mí, además de Uruguay, Perú, México… En Punta del Este estaban esos potenciales clientes, pero venían también agencias de todo el mundo a elegir modelos para llevarse a trabajar por dos o tres meses afuera. Fui el primero en exportar modelos a Japón, España e Italia. Viajaron Araceli González, Elizabeth Márquez, Raquel Gorospe…

En 2007, para
conmemorar los cien años de
Punta del Este, las chicas de
su staff fueron fotografiadas
sobre el mismo auto en
La Fontana. De izquierda a
derecha: Betiana Wolenberg,
Marina Marré, Florencia
Salvioni, Florencia Gómez
Córdoba, Soledad Ainesa, Liz
Solari, Roxana Zarecki, Yessica
Toscanini y Soledad Solaro.
En 2007, para conmemorar los cien años de Punta del Este, las chicas de su staff fueron fotografiadas sobre el mismo auto en La Fontana. De izquierda a derecha: Betiana Wolenberg, Marina Marré, Florencia Salvioni, Florencia Gómez Córdoba, Soledad Ainesa, Liz Solari, Roxana Zarecki, Yessica Toscanini y Soledad Solaro.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
En 1988, junto a Julieta Kemble, Carolina Peleritti y Bárbara Durand en
Solanas, la playa de moda. En la imagen faltan Karina López, Valeria Mazza y Andrea
Bursten, quienes completaban la selección de modelos que llevó Dotto para su primer
desembarco en Punta del Este
En 1988, junto a Julieta Kemble, Carolina Peleritti y Bárbara Durand en Solanas, la playa de moda. En la imagen faltan Karina López, Valeria Mazza y Andrea Bursten, quienes completaban la selección de modelos que llevó Dotto para su primer desembarco en Punta del EsteTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Elizabeth Márquez no formó parte de la selección de modelos que Pancho llevó a Punta en su primer viaje porque estaba trabajando en Europa.
 A partir de 1989, durante varios años, la “Tota” viajó con el staff de modelos. Junto a Carolina Peleritti, protagonizaban las producciones más
audaces, pero de noche cumplían con las tareas de la casa, regla fundamental de la convivencia, y también lavaban los platos
Elizabeth Márquez no formó parte de la selección de modelos que Pancho llevó a Punta en su primer viaje porque estaba trabajando en Europa. A partir de 1989, durante varios años, la “Tota” viajó con el staff de modelos. Junto a Carolina Peleritti, protagonizaban las producciones más audaces, pero de noche cumplían con las tareas de la casa, regla fundamental de la convivencia, y también lavaban los platos
Valeria, durante sus primeros veranos en Punta,
bajo la tutela de Pancho. Atrás, de jeans y con rulos, aparece su novio, Alejandro Gravier.
Valeria, durante sus primeros veranos en Punta, bajo la tutela de Pancho. Atrás, de jeans y con rulos, aparece su novio, Alejandro Gravier.

EL INQUIETANTE VERANO DEL 91

“Llegué a Punta del Este pasado de revoluciones. Había cumplido nueve años con la agencia sin parar ni siquiera un fin de semana. En el des – file de Giordano me dio un estresazo: se me durmió la cara, me tuvieron que ayudar a salir, pasándome de silla en silla. De terror. Me recetaron 25 miligramos de valium cada día ‘para mantenerme estable y poder completar la temporada’, dijeron. Le prometí a mi novia, Elizabeth Márquez, que iba a parar un poco. Pero no pude. Tres días después de aquel episodio, Elizabeth armó la valija y se fue. Me dejó. La movida que habíamos armado en los años anteriores empezaba a dar sus frutos. A partir de las remeras, los afiches y las notas en la prensa, se me empezaron a acercar chicas que querían estar en mi staff. De pronto, ser modelo de Dotto se volvió aspiracional. Un día llegué a la agencia (una casita que había montado junto al puente de La Barra) y me encontré con una modelo mía, Sofía Pereyra, que me estaba esperando junto a una pareja. Me dijo que la chica había viajado a Uruguay sólo para conocerme y me la presentó por su nombre: Deborah del Corral. Tenía 16 años y parecía vergonzosa. Charlamos a solas por un largo rato. Me dijo, no me olvido más, que quería operarse la nariz. ‘Yo tengo un cirujano para recomendarte’, le dije, siguiéndole la corriente. Recién al final, me puse serio y le expliqué que su cara era fascinante, que lo último que tenía que hacer era tocarse la nariz. Se mató de risa y me contó que se iba al día siguiente. Antes de despedirla, le regalé una remera de la agencia, la invité a la fiesta que hacía esa misma noche en mi casa y le anticipé lo que iba a pasar: ‘Esta noche van a venir dos personas importantes. Uno se llama Guido Lima, que busca una chica para NewMan. Es linda marca, tiene cien años, le podemos cobrar caro, pero no va a pasar nada con la gráfica. También va a venir un pibe que está trabajando muy bien que se llama Federico Álvarez (aún no usaba el apellido de su madre, Castillo).

Él está buscando una chica nueva para una marca que se llama Soviet. Si todo sale como imagino, a eso de las seis de la mañana voy a estar cerrando con Federico Álvarez tu primer contrato’. Esa noche, Deborah llegó a la fiesta con la remera de Dotto que le regalé. Le mostré la casa y le recomendé que se quedara a hacer la temporada con el resto de las modelos. Yo ya tenía todo en la cabeza. Le expliqué: “Mirá, en Punta del Este hay dos concursos importantes. Uno es Miss Punta del Este, donde voy a presentar a Paula Médici, que tiene el estilo que buscan: ojos claros, castaña clara, finísima… Pero hay otro concurso que se llama Miss La Plage y ahí quieren una chica distinguida con personalidad fuerte. No tengo dudas, vos va a ganar Miss La Plage”. ¡No podía creer lo que escuchaba! Esa noche cerré el contrato de Soviet y unos días más tarde, Deborah –que se quedó a hacer la temporada– ganó Miss La Plage. Ah, Paula Médici también ganó Miss Punta del Este… ¡Metí dos bombazos!”

Andrea Bursten
y Elizabeth
Márquez, novia
de Pancho
hasta 1991.
Andrea Bursten y Elizabeth Márquez, novia de Pancho hasta 1991.
En 1989 Araceli González se
sumó a la convivencia que
proponía Pancho en Punta
del Este. Durante los primeros
años viajó acompañada por
su primer marido y su beba,
Florencia Torrente. En la
imagen, junto a Pancho y su
novia, Elizabeth Márquez, y el
modelo Federico Lo Re, hoy
dueño de La Parolaccia.
En 1989 Araceli González se sumó a la convivencia que proponía Pancho en Punta del Este. Durante los primeros años viajó acompañada por su primer marido y su beba, Florencia Torrente. En la imagen, junto a Pancho y su novia, Elizabeth Márquez, y el modelo Federico Lo Re, hoy dueño de La Parolaccia.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
En 1990,
Valeria Mazza,
con tan sólo
18 años, se
consagró
segunda
princesa en
Miss Le Club.
En 1990, Valeria Mazza, con tan sólo 18 años, se consagró segunda princesa en Miss Le Club.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
En 1997, Dotto presentó a una de sus
modelos –hasta entonces desconocida–
en el concurso Miss La Plage. Guillermina
Valdes, que había sido distinguida como
“Mejor Cara” en el scouting nacional de
1996, desfiló con el número 4 y ganó el
certamen. Fue coronada por Carmen
Yazalde y recibió premios (en la foto se
puede ver una botella de whiskyCutty
Sark, otra de gaseosa con algunos dólares
en su interior y una cajita de joyería)
de manos de Mora Furtado y Analía
Maiorana.
En 1997, Dotto presentó a una de sus modelos –hasta entonces desconocida– en el concurso Miss La Plage. Guillermina Valdes, que había sido distinguida como “Mejor Cara” en el scouting nacional de 1996, desfiló con el número 4 y ganó el certamen. Fue coronada por Carmen Yazalde y recibió premios (en la foto se puede ver una botella de whiskyCutty Sark, otra de gaseosa con algunos dólares en su interior y una cajita de joyería) de manos de Mora Furtado y Analía Maiorana.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Pancho, con su
cámara al cuello, registró todo el evento
Pancho, con su cámara al cuello, registró todo el eventoTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto

DE REINAS Y PRINCESAS

En 1997, Dotto volvió a Miss La Page con nueva candidata: Guillermina Valdes, oriunda de Necochea, que se había destacado en el scouting de Villa Gesell. Recuerda Pancho: “Yo nunca acompañaba a las chicas a los concursos. Iba, sacaba una mesa, y recién cuando coronaban a mi modelo subía a la pasarela para felicitarla. La ganadora se llevaba muchos dólares, un pasaje a Francia, un anillo de no sé qué… Yo nunca ganaba nada. Justo esa noche, entre el público, había un argentino que debutaba como mánager de modelos y había presentado dos o tres chicas. Estaba pesadísimo, me gritaba dese su mesa quién iba a ganar. Decía muchos números diferentes, siempre los de sus chicas. En la tercera pasada, le pedí que se definiera por una y lo desafié a que, si estaba tan seguro, apostara mil dólares. Yo le expliqué que, para mí, ganaba la rubiecita, la número 4. Por supuesto, Guillermina se consagró Miss La Page y yo, por primera vez, me fui de un concurso de belleza con un premio: los mil dólares de la apuesta”. Algunos años antes, en 1990, Pancho había presentado a uno de sus jóvenes talentos, Valeria Mazza, en Miss Le Club (el concurso que precedió a Miss La Plage). Contra todos los pronósticos, mánager y modelo tuvieron que conformarse con una cinta de “segunda princesa”.

María Inés Rivero, otra
diosa del staff de Dotto
que tuvo una gran carrera
internacional. “La primera
vez que estuvo en Punta
viajó para hacer el desfile
de Giordano. Roberto
llevaba a las chicas en
colectivo, hacían el desfile,
las que tenían suerte se
bañaban, les daba un
sándwich de milanesa, y
las subía otra vez al bondi
rumbo a Buenos Aires. Yo
ya conocía a María Inés, la
había descubierto un año
antes, cuando tenía 14.
Cuando la vi en ese plan
agotador, la invité a la
casa El Retorno, en
El Chorro, para que se
quedara a trabajar con
las otras modelos”,
cuenta Pancho.
María Inés Rivero, otra diosa del staff de Dotto que tuvo una gran carrera internacional. “La primera vez que estuvo en Punta viajó para hacer el desfile de Giordano. Roberto llevaba a las chicas en colectivo, hacían el desfile, las que tenían suerte se bañaban, les daba un sándwich de milanesa, y las subía otra vez al bondi rumbo a Buenos Aires. Yo ya conocía a María Inés, la había descubierto un año antes, cuando tenía 14. Cuando la vi en ese plan agotador, la invité a la casa El Retorno, en El Chorro, para que se quedara a trabajar con las otras modelos”, cuenta Pancho.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
“El día que conocí a Deborah
[de Corral], me dijo que se
quería operar la nariz. Le
dije que estaba loca y esa
misma noche le conseguí su
primer contrato”
“El día que conocí a Deborah [de Corral], me dijo que se quería operar la nariz. Le dije que estaba loca y esa misma noche le conseguí su primer contrato”Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Junto a Deborah de Corral, Caro Peleritti y Carola del Bianco,
en la inauguración de la agencia. En 1991, Deborah viajó a
Punta del Este persiguiendo un sueño: ser parte del staff de
Dotto. Ese verano, su carrera despegó.
Junto a Deborah de Corral, Caro Peleritti y Carola del Bianco, en la inauguración de la agencia. En 1991, Deborah viajó a Punta del Este persiguiendo un sueño: ser parte del staff de Dotto. Ese verano, su carrera despegó.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto

LA DOTTO BEACH

“En 1995 batí récord de sponsors: facturé como nunca, pero gasté la plata que me dieron y toda la mía. Me quedé con la cuenta en cero, sin nada. Estaba totalmente pasado de rosca. Tenía noventa y cinco personas a cargo y una flota de veinte autos. Gastaba fortunas, diez o veinte mil dólares, en asados. Cuando empecé con esos asados monumentales, donde agasajaba a clientes y amigos, los terrenos en José Ignacio costaban diez mil dólares. Si hubiese hecho algún asado menos y con ese dinero hubiese comprado lotes, hoy tendría una fortuna en tierra…”, arriesga Dotto.

Pancho jura que absolutamente todos los veranos en Punta del Este fueron deficitarios, que siempre puso más dinero del que facturó. Pero 1995 quedó en su memoria porque incluyó, además, uno de sus proyectos más ambiciosos: la Dotto Beach. “Siempre quise poner una playa. Veía que donde iba se llenaba de gente. Estuve un año trabajando para armar la Dotto Beach en lo que hoy es La Juanita, pero a fines de noviembre de 1994 la municipalidad de Maldonado me rebotó los planos. Entonces un amigo de José Ignacio me contactó con el intendente de Rocha y ahí empezó una tremenda locura: instalar la Dotto Beach, en dos meses, en Laguna Garzón. Era lejísimos y no había infraestructura, apenas un quincho. En tiempo récord, construí cuatro casas. Mis amigos me decían que estaba loco y mis sponsors me decían que no iba a ir nadie, pero igual ponían plata en el proyecto. Yo sólo les pedía que confiaran en mí”.

Llegar a Dotto Beach era como atravesar una carrera de obstáculos. Primero había que manejar más de una hora desde la Punta; el trayecto incluía ocho kilómetros de ripio. Antes de llegar a destino, había que atravesar el tramo más estrecho de la Laguna Garzón en una balsa precaria que muchas veces dejaba de funcionar. “Los pescadores, lejos de estar enojados conmigo, hacían su negocio cruzando visitantes en sus botes. Y los más ansiosos cruzaban nadando”, recuerda Pancho.

Contra todos los pronósticos, la primera Dotto Beach fue un éxito de concurrencia. Aquella singular apuesta instaló a Dotto como un visionario del real estate: sobre el mismo pedazo de tierra remota donde fundó su primera playa hoy se desarrollan los proyectos inmobiliarios más caros de Uruguay. La balsa no existe más, fue reemplazada por el puente circular que construyó Eduardo Costantini.

Zaira
Nara, todavía desconocida para
el gran público, también pasó
por la ‘escuelita’ de La Fontana.
Zaira Nara, todavía desconocida para el gran público, también pasó por la ‘escuelita’ de La Fontana.Tadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Heidi
Albertsen, ganadora del certamen mundial Elite Model Look 1993, en el que
participaron más de 350 mil chicas, pasó una temporada en Uruguay junto a una
amiga invitada por Pancho
Heidi Albertsen, ganadora del certamen mundial Elite Model Look 1993, en el que participaron más de 350 mil chicas, pasó una temporada en Uruguay junto a una amiga invitada por PanchoTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
En el verano del 94, por
recomendación de Dotto,
Daniela Urzi (quien también fue
su novia) estrenó pelo cortísimo…
y comenzó una carrera que la
llevó a Europa durante largas
temporadas
En el verano del 94, por recomendación de Dotto, Daniela Urzi (quien también fue su novia) estrenó pelo cortísimo… y comenzó una carrera que la llevó a Europa durante largas temporadasTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Entre las condiciones que Dotto imponía a sus modelos, había una estricta rutina
de ejercicios que durante años estuvo a cargo de Daniel Tangona. Las chicas
además tenían clases de pasarela, aprendían a posar frente a una cámara,
montaban a caballo y podían inscribirse en la escuelita de surf
Entre las condiciones que Dotto imponía a sus modelos, había una estricta rutina de ejercicios que durante años estuvo a cargo de Daniel Tangona. Las chicas además tenían clases de pasarela, aprendían a posar frente a una cámara, montaban a caballo y podían inscribirse en la escuelita de surfTadeo Jones
Cada año, Dotto Models presentó un equipo de
fútbol femenino que convocaba mucho público en cada presentación. Con orgullo,
Dotto recuerda cuando sus modelos derrotaron a Las Tinellis.
Cada año, Dotto Models presentó un equipo de fútbol femenino que convocaba mucho público en cada presentación. Con orgullo, Dotto recuerda cuando sus modelos derrotaron a Las Tinellis.

LA FONTANA, TIERRA PROMETIDA

Es imposible hablar del paso de Dotto por Punta del Este sin hacer mención especial a La Fontana. Sigue Pancho: “Necesitaba espacio y más seguridad. Ya éramos muy conocidos. Mucha gente venía a merodear, a mirar las chicas. Estábamos muy expuestos. Un amigo, en invierno, me presentó La Fontana, un casco de estancia rodeado por ocho hectáreas sobre la Ruta 10, kilómetro 174 y medio. Inauguré la casa el 26 de septiembre de 1993, día de mi cumpleaños, con amigos. Dolores Barreiro, que acababa de ganar el scouting nacional, viajó con los padres (tiempo después sería su novia). Para muchos, era el fin del mundo… ¡Todavía había mucha tierra sin dueño en José Ignacio!”.

Cada año, convivían en La Fontana quince ganadoras del scouting, más otras quince “históricas”, además de bookers y personal de servicio. También estaba Teresita, la madre de Pancho, que le imprimía calor de hogar. Antes de viajar, las modelos debían firmar un contrato en el que aceptaban las reglas que Dotto imponía: que no podían salir de noche; que si salían de noche tenían que estar acompañadas por gente de la agencia; no podían tomar alcohol; no podían fumar; se comprometían con un programa de actividad física… Si eran menores de edad, el contrato lo debían firmar sus padres.

Las cuatro tapas de Para Ti del mes de enero se hacían en La Fontana. Y la “chica del verano”, título que definía la carrera y el futuro de una modelo, surgía indefectiblemente de la escuelita que Dotto había montado ahí. Pampita, por ejemplo, fue la sensación de 2001 (un detalle de color: en su presentación dijo que tenía 19 años, cuando en realidad estaba por cumplir 23). Permanentemente había un camión de exteriores estacionado frente a la tranquera. De alguna manera, más honesta y sin buscar el golpe bajo, la convivencia en La Fontana anticipó un formato que algunos años más tarde revolucionaría la televisión: el reality show.

Todos querían visitar La Fontana. Dotto repasaba al detalle la lista de invitados a la única fiesta que hacía cada verano o a los asados. Muy a su pesar, en esos pocos encuentros “a tranqueras abiertas” se forjaron algunos romances. “Paquito Mayorga conoció a Carola en La Fontana, sin mi consentimiento. Hasta el día de hoy se lo reprocho. Ella estaba a mi cargo, me quería matar. Ahora tenemos una gran relación, pero cuando empezaron fue bravo”, asegura. Después de grandes decepciones, Pancho hizo una lista de chicos que no podían acercarse a La Fontana. “Son chicos que en su momento estaban de moda, con apellidos más o menos conocidos, que tenían plata, pero jamás habían trabajado… Recuerdo uno en particular que les hizo daño a varias chicas. Yo le hice saber, a través de Javier Lúquez, que si volvía a aparecer en mi casa lo iba a sacar a patadas. Y nunca más apareció. En Punta es fácil deslumbrarse, hay muchos helicópteros. Pensá que hay modelos que, como yo, conocieron Punta del Este de grande. Y algunas ni siquiera conocían el mar… Yo les decía a las chicas que tuvieran cuidado con el verso, porque había muchos muchachos que tenían el verso estudiado”.

Nicole hacía temporada
acompañada por su madre,
Claudia, y su hermana,
Geraldine. “Las tres iban a
una casa que les conseguí,
vecina a La Fontana, para
que estuvieran cerca de
nosotros. En La Fontana
teníamos caballos y a Nicole,
que practicaba equitación,
le fascinaba montar
por la playa”, recuerda
Pancho
Nicole hacía temporada acompañada por su madre, Claudia, y su hermana, Geraldine. “Las tres iban a una casa que les conseguí, vecina a La Fontana, para que estuvieran cerca de nosotros. En La Fontana teníamos caballos y a Nicole, que practicaba equitación, le fascinaba montar por la playa”, recuerda Pancho
Roxana
Zarecki (hoy casada con
Sebastián Bagó) sobre la
pasarela de Dotto.
Roxana Zarecki (hoy casada con Sebastián Bagó) sobre la pasarela de Dotto.Tadeo Jones
Pampita explotó en el verano de
2001. “Tenía que presentar una chica
en Parada 31 de La Brava. Siempre
me pedían a Dolores, a Carola, a
Bárbara… Pero yo llegué con Carolina
porque sabía que era una chica
especial, única. Hacía muchísimo
frío pero ella se plantó frente a una
docena de fotógrafos, quedó en
bikini, se metió al mar… los enamoró.
Nunca en mi vida vi una cosa igual,
fue increíble. Después de esa tarde,
no me sorprende nada de lo que
pasó con su carrera”, asegura Dotto
Pampita explotó en el verano de 2001. “Tenía que presentar una chica en Parada 31 de La Brava. Siempre me pedían a Dolores, a Carola, a Bárbara… Pero yo llegué con Carolina porque sabía que era una chica especial, única. Hacía muchísimo frío pero ella se plantó frente a una docena de fotógrafos, quedó en bikini, se metió al mar… los enamoró. Nunca en mi vida vi una cosa igual, fue increíble. Después de esa tarde, no me sorprende nada de lo que pasó con su carrera”, asegura DottoTadeo Jones
Pampita cerró el
desfile, embarazada de su segundo hijo, Bautista
Pampita cerró el desfile, embarazada de su segundo hijo, BautistaTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
En 2008, Dotto celebró sus veinte años en
Punta del Este con un espectacular desfile (“a
beneficio”, con entrada a cambio de un juguete)
en el cruce de José Ignacio. Pancho condujo el
evento junto a Iván de Pineda
En 2008, Dotto celebró sus veinte años en Punta del Este con un espectacular desfile (“a beneficio”, con entrada a cambio de un juguete) en el cruce de José Ignacio. Pancho condujo el evento junto a Iván de Pineda

CHICAS QUE MARCARON ÉPOCA

Lo que hizo Dotto en Punta del Este fue único. En enero de 1993 John Casablancas, fundador de la agencia Elite, creador de las “Supermodelos” (Cindy Crawford, Linda Evangelista, Naomi Campbell y Claudia Schiffer, entre otras), viajó desde Nueva York para ver personalmente qué estaba haciendo su socio en Uruguay. Y quedó deslumbrado. Lo explica Pancho: “No existe el modelo de convivencia que armé, la concentración de talento en un solo lugar durante una temporada de tanta exposición. Tampoco existe ‘la escuelita’. Las empresas de modelos se dedican exclusivamente a facturar y no dan nada gratis: las chicas pagan hasta las fotocopias. Mis modelos no pagaban absolutamente nada durante todo el verano. Se las trataba como diosas, las conteníamos. Hay gente que no sabe valorar lo que recibe gratis, que sólo va al gimnasio porque lo paga. Pero las que entendieron, construyeron marcas con sus nombres: Nicole Neumann, Dolores Barreiro, Araceli González, Carola del Bianco… Lo mío fue una gran cuota de visión, pero también de locura desmedida que le puse a cada verano y a cada chica”.

Las chicas de Dotto marcaron época. Fueron mucho más que modelos: algunas se volvieron tan famosas que aún hoy animan la agenda de la prensa rosa. “¿Sabés por qué no existen más chicas así, ni acá ni en ningún lugar del mundo? Porque yo estoy retirado y John Casablancas se murió”, pregunta y se responde Pancho.

A lo largo de los años, el municipio de Maldonado lo reconoció con todos los premios posibles. Aunque Pancho recuerda con especial cariño el respeto con que lo trató siempre Carlos Páez Vilaró, a quien visitaba periódicamente en Casa Pueblo. De alguna manera, el nombre de Pancho Dotto quedó relacionado para siempre con Punta del Este. Hay una historia que él cuenta con mucho orgullo, que resume esta simbiosis: “Hace años, mientras viajaba por Cerdeña con Giuseppe Cipriani, nos invitaron a la inauguración de un barco de Flavio Briatore, un magnate de la Fórmula Uno al que yo sólo conocía por foto. Era todo deslumbrante. Durante el brindis, en cubierta, apareció Briatore y me extendió la mano. Me presenté como ‘Pancho Dotto’ y, apenas escuchó mi nombre, dijo: ‘Ah, Punta del Este, ¡qué belleza!’. Y yo quedé pasmado porque conocía mi nombre, pero mucho más alucinado por la asociación que le disparó”.

Vista aérea de La Fontana, el casco de estancia que Dotto ocupó quince años. “Del ambiente y medio pasé a una casa en El Chorro (“El Retorno”), después a
una propiedad en La Barra (“El Ángel”, con gran parque y cancha de paddle), hasta que en 1993 descubrí La Fontana”, recuerda Pancho. Algunos años más
tarde, desembarcarían en la zona Nicolás Repetto, seguido por Alan Faena y Marcelo Tinelli
Vista aérea de La Fontana, el casco de estancia que Dotto ocupó quince años. “Del ambiente y medio pasé a una casa en El Chorro (“El Retorno”), después a una propiedad en La Barra (“El Ángel”, con gran parque y cancha de paddle), hasta que en 1993 descubrí La Fontana”, recuerda Pancho. Algunos años más tarde, desembarcarían en la zona Nicolás Repetto, seguido por Alan Faena y Marcelo TinelliTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Priscila Prete (ganadora Scouting 2001), María José Lick (Mejor
Cara 2001), Romina Lanaro (Mejor Pasarela 2000, que tendría una
carrera top internacional), Paula Bascunián (scouting 1999) e Ivana
Saccani preparan ensalada de frutas en La Fontana. La convivencia
siempre fue fundamental en la “experiencia Dotto”
Priscila Prete (ganadora Scouting 2001), María José Lick (Mejor Cara 2001), Romina Lanaro (Mejor Pasarela 2000, que tendría una carrera top internacional), Paula Bascunián (scouting 1999) e Ivana Saccani preparan ensalada de frutas en La Fontana. La convivencia siempre fue fundamental en la “experiencia Dotto”
“De visitante”, solía acudir a las noches exageradas
en lo de Gilberto Scarpa, en el corazón de Beverly Hills.
“De visitante”, solía acudir a las noches exageradas en lo de Gilberto Scarpa, en el corazón de Beverly Hills.
Dotto
visita a su admirado
Carlos Páez Vilaró en su
atelier de Casa Pueblo
con Estefanía Pigazzi y
Carolina Gimbutas.
Dotto visita a su admirado Carlos Páez Vilaró en su atelier de Casa Pueblo con Estefanía Pigazzi y Carolina Gimbutas.Tadeo Jones
Pancho celebró dos
fiestas en temporada: la de fin de año (a la que en una oportunidad
pasó a saludar, justo antes de las doce, el príncipe Alberto de
Mónaco) y otra cada 15 de enero donde podían encontrarse, como
en la foto, Guillermo Vilas y su novia de entonces, la
norteamericana Michelle Tomaszewski, con Nicole Neumann, Alan
Faena y María Inés Rivero
Pancho celebró dos fiestas en temporada: la de fin de año (a la que en una oportunidad pasó a saludar, justo antes de las doce, el príncipe Alberto de Mónaco) y otra cada 15 de enero donde podían encontrarse, como en la foto, Guillermo Vilas y su novia de entonces, la norteamericana Michelle Tomaszewski, con Nicole Neumann, Alan Faena y María Inés RiveroTadeo Jones,Archivo Pancho Dotto
Dolores Barreiro,
jovencísima, a los
18 años, junto a
otra diosa:
Marina Marré.
Dolores Barreiro, jovencísima, a los 18 años, junto a otra diosa: Marina Marré.Archivo Pancho Dotto
La tapa de esta semana de revista ¡Hola! Argentina
La tapa de esta semana de revista ¡Hola! ArgentinaArchivo Pancho Dotto 

Fuente: Lanación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *